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TIENES NOMBRE DE QUE VIVES

30 Jun

ImagenNo hay peor crítica que se le pueda hacer a alguna persona que llamarle “muerto”. Un muerto nada puede; los muertos no piensan, no ven, ni se mueven. Todavía recuerdo cuando era niño que los jóvenes del vecindario se daban cita cada fin de semana para jugar pelota en el parque de mi barrio. Muchos de ellos eran muy buenos jugadores; bateaban, corrían, podían coger y tirar la bola con facilidad. La mayoría no tenían uniformes, alguno que otro tenía un pantalón o camisa (jersey) de pelotero, algunos tenían los zapatos pero era algo no muy común. En el parque lo importante era poder jugar.

Recuerdo sin embargo, uno de los jóvenes que llegaba con todo su equipo de pelota. Aquel muchacho tenía camisa, pantalón, zapatos (tenis), guantillas, guantes y todo lo necesario para jugar un buen juego. También tenía, bolas y varios bates. Parecía todo un profesional. Pero había un problema; aquel muchacho no era muy buen jugador que digamos y los otros se reían de el por eso. Siempre venía al juego preparado con todo lo necesario para el juego pero a la hora de batear, de correr o de hacer una buena jugada, le faltaba mucho. “Era un muerto”.

En los casos como el del joven descrito arriba, cuando había algún partido de barrio donde todos los muchachos se ponían a jugar y uno de ellos no jugaba como debía, los demás le llamaban “muerto.” Ser el “muerto” del barrio no era nada para sentirse orgulloso. Normalmente los mejores jugadores eran los ‘capitanes’ de cada equipo y decidían quien jugaría en su equipo. Ellos se tomaban turnos ‘pidiendo’ jugadores mientras los demás esperaban ser parte de la selección. Sucede que “los muertos” se quedaban para lo último.

El lado bueno de ser el muerto del barrio es que a veces hay otros más muertos que uno, y siempre hay espacio para mejorar. La práctica, un buen bateo o una buena jugada, puede hacer que otros cambien de opinión. También pude pasar por esa experiencia. A veces de manera inesperada pude dar “buen palo” que impulsaba otros jugadores hasta el ‘home plate’ o como ‘catcher’ pude evitar que el equipo contrario anotara.

En este artículo quiero hablar un poco sobre eso de ser llamado “muerto”. En realidad, todo depende de ‘quien’ nos llama muerto. No es lo mismo que se nos llame muerto por no ser muy buenos en la cancha o en el parque a que se nos llame muerto por no ser buenos en los asuntos de mayor importancia.

En el Apocalipsis, el último libro de la Biblia leemos las cartas a las siete iglesias. A cada una de esas iglesias se le habla de cosas buenas y cosas que deben corregir. Sin embargo, a una de ellas, a Sardis, se le dice “tienes nombre de que vive, pero estás muerto”. Este análisis hecho por Jesucristo, el Señor de la iglesia, es altamente preocupante. Sardis estaba localizada en Asia Menor (Turquía) y era una de las ciudades más sobresalientes del mundo antiguo. En esta ciudad se encontraba el templo de la diosa Artemisa donde se practicaba la adoración pagana y un tiempo fue la capital del Imperio de Lydia. Sardis era una ciudad líder en la industria de lana la cual, según la historia, fue la primera ciudad en recibir el mensaje del apóstol Juan y tristemente la primera en rechazar en Cristianismo y tristemente hoy yace en las ruinas. En Apocalipsis leemos:

3: 1Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Lo que vemos es que Sardis era una iglesia engañada, aunque no todos estaban en la misma condición de muertos, la mortandad que reinaba en aquella congregación se había extendida en ella de tal manera que Jesucristo la trataba de “muerto”. La iglesia es llamada a ‘vigilar’ y afirman las cosas, quizás personas, que todavía quedaban con vida en aquella congregación a fin de que tampoco murieran. La razón para tal clasificación era el fruto de sus obras: “porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios”.

Vivimos en tiempos donde muchas congregaciones y concilios se pueden clasificar de la misma manera. Algunas personas llaman ‘muertas’ a las congregaciones donde no se grita mucho ni se alaba a Dios en voz alta. Sin embargo, considero que el asunto aquí va mucho más allá de eso. Cuando la Biblia trata a alguien de muerto o de dormido espiritualmente, se trata de aquellos que no tienen la vida del espíritu en ellos.

Lo que trae muerte a la iglesia es el pecado y la negligencia espiritual. La iglesia peca cuando niega el poder de la Palabra en sus acciones. Aunque de labios profesen a Dios, en realidad las acciones demuestran que están muy lejos de él. Eso es hipocresía pero Dios no puede ser burlado por el hombre.Dios dijo del pueblo de Israel:

Isaías 2:12 Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;

Jesucristo se quejó de los líderes religiosos de la misma manera y les aplicó este mismo verso dicho por Isaías desde muchos años antes (ver Mt. 15:8; Mr. 7:6). No solamente eso sino que los llamó “sepulcros blanqueados”. Los líderes de la nación judía, tal como los sepulcros que eran pintados de blanco, por fuera se veían limpios pero adentro lo que había era mortandad y podredumbre; huesos sin vida.

Lo que tenemos hoy día es lo mismo. Iglesias que de labios profesan el nombre de Cristo pero en la práctica lo que vemos es que hay un corazón corrompido, mortandad espiritual y una pronta disposición a ir en contra de la Palabra de Dios. Un ejemplo de tal es un concilio el cual me llamó mucho la atención hace varios años atrás cuando aun no lo conocía muy bien. Desde afuera me pareció una iglesia ‘espiritual’ establecida firmemente sobre la verdad de la Palabra y la sana doctrina pero luego me dí cuenta que era solo apariencia y nada más.

Ese concilio tiene un logo muy llamativo y significativo lo cual sugiere que en un tiempo tal iglesia estuvo comprometida con la verdad de Dios. En el logo se representa una paloma, tipo del Espíritu Santo; Una Biblia, representando la importancia de la Palabra de Dios; Se representa un púlpito, para exaltar la importancia de la predicación; hay una llama ardiendo a cada lado del púlpito representando el fuego de Dios y el poder del Espíritu Santo; tiene tres puntos que resaltan la forma de gobierno bíblico y la Trinidad y también una copa que representa la importancia de los sacramentos en la iglesia. Ver aquí.

ImagenHoy día esta iglesia está a la vanguardia en la ordenación de ministros abiertamente homosexuales y la aprobación de ceremonias para matrimonios entre personas del mismo sexo. Pero ellos no son los únicos. Hoy día tenemos cada vez más congregaciones que se alejan de la verdad de Dios en distintas maneras.Tenemos la mortandad espiritual por dondequiera; La hipocresía de aquellos que llevan “el nombre” de Cristo y en realidad no llevan “la vida” del Salvador en ellos. No solamente ha afectado la denominación presbiteriana. Hay Adventistas, Anglicanos, Bautistas, Epicospales, Luteranos, Metodistas, Pentecostales, y eso por no mencionar los líderes del clan, los Romanos Católicos.

No quiero decir con esto que todos los miembros de las congregaciones en estado de muerte estén en la misma condición. Tal como la iglesia de Sardis podemos decir Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.”

La pregunta que debemos hacernos es triple: (1) ¿Estoy yo en una iglesia ‘muerta? (2) ¿Soy yo uno de esos muertos o todavía estoy con vida? (3) ¿Qué debo hacer? Es mi deseo que tanto usted como yo tomemos el tiempo para analizarnos personalmente a la luz de la Biblia. Examinemos nuestra congregación, nuestra denominación y nuestra vida espiritual. Hay cosas que nos dejan ver si nuestra iglesia va y nosotros vamos por buen camino o caminamos por senda de muerte. ¿Sabe usted cuáles son las marcas de una iglesia muerta o con tendencias a la mortandad? Espero que sí. Si nota en su vida cosas que son indicio de muerte, quítelas inmediatamente; si ve que hay cosas que tienen vida, haga lo posible para mantenerlas con vida:

Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

Considero que estamos viviendo en los tiempos de apostasía como lo fue descrito por el Apóstol Pablo en su Segunda carta a los Tesalonicenses cuando dijo:

Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

Cada vez nos acercamos más de manera precipitada y a nivel mundial, a lo que Jesús mismo describió sobre los días cercanos a su venida: “los días de Noé” y “los días de Lot” (ver Lc. 17:26-29). Sería muy triste que después de tanto tiempo en la iglesia haciendo lo que aparentemente era algo espiritual y teniendo según nosotros mismo “señales de vida” se nos diga “apartaos de mí hacedores de maldad, nunca os conocí” o simplemente “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”.

J.L. Trujillo

 

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