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El Caminó la Cuerda por Nosotros

15 Jun

Esta tarde, caminando sobre una cuerda de dos pulgadas de diámetro, Nik Wallenda cruzó de Estados Unidos a Canadá sobre las fuertes aguas de las cataratas del Niágara.  Fue para mí algo especial especialmente porque hace exactamente 33 años atrás (la edad de Nik), su bisabuelo, el famoso Karl Wallenda de 73 años cayó al pavimento y perdió la vida cuando se disponía a cruzar entre dos edificios frente al mar en San Juan, Puerto Rico.  Cuando Karl Wallenda llegó a Puerto Rico, mis hermanos y yo comenzamos a imitarlo caminando sobre el tupo superior del columpio en el patio de nuestra casa.  Era algo divertido al principio, pero su muerte cambió la alegría en tristeza.  Yo tenía 10 años cuando ocurrió aquella desgracia familiar y no olvido nunca lo sucedido.  Aquellos puertorriqueños que son más o menos de mi edad y los más viejitos se deben acordar de aquel día tan triste en Puerto Rico. Pero el bisnieto logró pasar de un lado a otro.

Antes de comenzar su caminata, Nik, junto con su esposa y sus hijos hicieron un círculo de oración donde pedían a Dios que cuidara este valeroso hombre.  Durante la caminata, que según cuenta, fue mucho más difícil de lo que imaginaba a causa del viento y el agua que lo movían de una lado a otro, se podía escuchar a Nik que oraba y daba gracias a Jesús y a Dios Padre por ayudarle en esta hazaña.  Terminó cansado, débil y agotado pero victorioso pudiendo decir al final de su jornada “lo logré”.

La caminata de Nik sobre la cuerda fue lenta, difícil y solitaria pero la voz de su padre por medio de un transmisor en su oído le animaba a seguir adelante diciéndole, “cuidado adelante” y “lo vas haciendo bien”.  Era esa voz de su padre terrenal y la comunión con Dios la según dijo, mantenía a Nik en la cuerda y dando pasos hacia la meta.  Cuando llegó al otro lado, después de mostrar a las autoridades canadienses su pasaporte, le preguntaron por qué había hecho esto.  La respuesta de Nik fue “para inspirar a otros” y ciertamente que lo que este hombre hizo ha de servir de inspiración a muchos, especialmente al reconocer que “Dios le dio la habilidad para hacer esto”.  Cuando terminó la caminata fue algo emocionante.  Mientras mirábamos a Nik por el televisor junto con mi familia, pude aplaudir de alegría al verlo llegar al otro lado sano y salvo, especialmente porque tenía la imagen de su abuelo cayendo al vacio todavía estaba en mi mente.  Aunque para decir verdad, la gran mayoría de nosotros (por no decir ninguno) jamás podremos hacer tal hazaña tan difícil. De cierta forma, Nik lo hizo por la humanidad, por aquellos que nunca lo vamos a hacer.

Pero mientras meditaba en esto, vino a mi mente pensamiento.  Tal como Nik, existió un hombre más o menos de la edad, 33 años, que cruzó sobre una cuerda mucho más difícil que la del Niágara, la cuerda que va desde este mundo hasta el cielo.  Su nombre es Jesús de Nazaret.  Sin embargo, él lo hizo no solamente “para inspirarnos” sino que lo hizo “para salvarnos”.  Él lo hizo “por nosotros” porque nosotros no podríamos jamás haberlo hecho.  Ya alguien lo había intentado antes y había fracasado colosalmente.  El primer hombre, llamado Adán, quizás más o menos de la misma edad, fracasó en su intento y sucumbió ante la tentación y arrastró a toda la raza humana al pecado y la condenación. Su caída trajo tristeza al mundo, la ilusión se perdió y dejo la humanidad “sin Dios y sin esperanza en el mundo”.  Despees de Adán, el primer hombre creado, el resto de los hombres también fracasaron.  Uno a uno fuimos cayendo al precipicio del pecado y la condenación. Por eso la Biblia dice “por cuanto todos pecaron está destituidos de la gloria de Dios”.

Pero después de muchos años, apareció Jesús, uno que la Biblia llama el Segundo Adán (Romanos 5).  El pudo vencer la tentación y vivir una vida santa y recta por nosotros. El no cayó al vacío.  Así también como Nik, mientras Jesús atravesaba el mundo, contaba con la voz de su Padre celestial quien le guiaba paso a paso y le decía “este es mi hijo amado en el cual tengo complacencia”. Era como diciéndole “lo vas haciendo bien”.  Jesús no solamente vivió en nuestro lugar enfrentando y venciendo las tentaciones de la vida sino que murió en la cruz por todas nuestras faltas, debilidades y pecados.  Él atravesó el dolor de la muerte, estaba cansado, débil y agotado pero terminó victorioso pudiendo decir al final de su camino “consumado es”.  Jesús resucitó al tercer día para que usted y yo creyendo en el podamos también gozar de su victoria como si nosotros mismos fuésemos los que caminamos por el mundo sin pecados y sin maldad.

Filipenses 3:8-9 Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura,  para ganar a Cristo 9  y ser hallado en él,  no teniendo mi propia justicia,  que se basa en la Ley,  sino la que se adquiere por la fe en Cristo,  la justicia que procede de Dios y se basa en la fe.

Por medio de la fe en Cristo, reconociéndolo como nuestro Señor y Salvador somos contados como justos y es por medio de Su justicia que tenemos libre entrada al cielo y a la gloria de Dios.  Nuestro Señor sufrió los fuertes embates del viento contrario, enfrentó la más oscura tentación sin pecar y venció  el frío de la soledad de su travesía por este mundo.  Todos le abandonaron pero siguió adelante, paso a paso hasta el final.  Si todavía no has creído en Jesús te invito a hacerlo de todo corazón.  Deja de contar “tus justicias” como cosa recomendable ante Dios y entrégate a Cristo creyendo de todo corazón arrepentido y pidiendo perdón por tus pecados.  Él es fiel y justo para perdonarte de TODAS tus maldades, de otorgar a tu cuenta la justicia de Cristo y de darte como recompensa la vida eterna en gloria.  Esto es posible porque Jesucristo “caminó la cuerda por nosotros” LOS QUE CREEMOS EN EL.

Seamos trapecistas

Finalmente, añado una aplicación práctica a este mensaje.  Aunque es bien sabido que nosotros nunca podríamos haber atravesado el Niágara, si podemos aprender de su gran logro.  Tal como mis hermanos y yo practicábamos exitosamente sobre el tubo del columpio pretendiendo ser un Wallenda, así también aunque hemos fracasado en la gran prueba, aun podemos, en nuestra vida diaria, demostrar que el Espíritu del ganador está en nosotros.  Vivamos pues como Jesús lo hizo, venciendo sobre el pecado y la maldad y sabiendo que nuestro gran ejemplo nos ha dicho que podemos hacerlo.

Así que, confiemos en la gran obra de gracia de Jesús para nuestra salvación eterna y busquemos ser el modelo diario de un trapecista que confía en Dios para sobrepasar los pequeños trapecios de pruebas, dificultades y sufrimiento de esta vida reconociendo nuestros pecados en genuino arrepentimiento y siguiendo adelante con firmeza y obediencia. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

J.L. Trujillo

Junio 15, 2012

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